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Ene 22, 2010
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Fantasías Sexuales.

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Las fantasías sexuales, dos palabras que se complementan entre si, ya que, según el diccionario, el fantasear es la facultad que tiene el hombre de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales, mientras que el sexo así como el hambre y la sed, son necesidades orgánicas y pueden terminar con nuestra vida si no se satisfacen, la necesidad sexual se puede postergar o ser reemplazada por otros intereses sin afectarnos física o emocionalmente.

Las fantasías sexuales se presentan a todos los niveles; jóvenes, adultos, hombres, mujeres, homosexuales, es algo que nos distingue de los animales, ya que hasta el momento no se ha comprobado que los animales fantaseen. Las primeras fantasías sexuales se dan en la pubertad que esto es entre los 11 y 15 años, para después darle paso a la adolescencia, que es donde se despierta el interés sexual, a través de sueños húmedos, contacto con el sexo opuesto etc.

De acuerdo con Sigmund Freud, el origen de las fantasías sexuales está fincado, entre otras cosas porque la sexualidad es una función muy frustrante, ya que los deseos sexuales aparecen en la niñez, pero su satisfacción llega hasta la adolescencia.

Es importante saber que la presencia de fantasías sexuales es complemente normal ya que el fantaseo sexual puede llegar a ser una fuente de placer por sí mismo. Una actividad autoerótica que vale la pena experimentar.

Históricamente las fantasías eróticas han sido tachadas como síntomas de enfermedad mental, sobre todo aquellas que se apartan del acto heterosexual. Incluso en algunas religiones se han catalogado como actos pecaminosos. No obstante, a pesar de ser consideradas conductas aberrantes, producto de insatisfacción, material sexualmente explícito y demás, el material mental erótico es una práctica vigente y muy socorrida por individuos sanos, sexualmente satisfechos y con gran capacidad creativa, principal requerimiento para esta actividad.

Las fantasías suelen ser uno de los elementos con mayor resistencia a ser compartidos con otros, aún con la propia pareja. El miedo, la vergüenza, el pensar que sólo uno es el que imagina “semejantes cosas”, suele actuar como inhibidor de las fantasías y de su comunicación.

Es común confundir a la fantasía con el deseo sexual, ya que ambos conceptos se circunscriben meramente al marco mental sobre el mismo contexto, la sexualidad, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una situación ficticia, el deseo es el anticipo de una situación real. Aunque también puede darse el caso de que el deseo tenga su origen en una fantasía, es importante dejar claro que no son lo mismo.

Por último la masturbación es uno de los mejores momentos para la fantasía, mientras ésta no se haga en público, ya que cada quien se crea sus propios estímulos.

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