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Oct 11, 2010
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El pinche Viaducto Bicentenario

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A mí me han enseñado que antes de molestarse o indignarse por cualquier tema, primero hay que buscarle el lado bueno y para este tópico en específico lo encontré: me resulta gracioso que el Viaducto recién construido en el Estado de México se llame “Bicentenario” en conmemoración de la Independencia mexicana, cuando éste es un concesión otorgada a una empresa española (OHL) que durante los próximos 30 años (por lo menos) explotará como antigua mina de oro en la Nueva España a los mexicanos y con el botín arrebatado regresará a la madre patria en cuanto tenga la oportunidad, para enriquecer a la realeza de aquel país y no al pueblo mexicano. Ese es el lado positivo que le encontré a esta historia, pues es “graciosa” la ironía de quienes se burlaron nombrándolo de esa forma.

Respecto a lo negativo; ya es cuestionable que el Gobierno de Enrique Peña Nieto anuncie como un “compromiso cumplido” esta obra, pues además de que sus méritos se limitan a la (pésima) logística para controlar el tránsito, no existe un beneficio auténtico para los habitantes de la zona, basta con pasearse por el lugar de lunes a viernes, entre las seis y las nueve de la mañana, para darse cuenta que uno tarda casi una hora en recorrer el tramo que comprende el Viaducto en Naucalpan (de Lomas Verdes a Toreo, 4.6 kilómetros). Y si uno decide pagar, tardará como máximo diez minutos de trayecto, pero puede tardar hasta 20 en reingresar al periférico o a Río San Joaquín, por que la cola para bajar del puente es muy larga.

Esto no es lo peor, no conforme con el trato a 30 años para manejar la vía, con el que estima recuperar unas 120 veces su inversión, la empresa OHL, apoyada por el Gobierno Municipal y Estatal (ambos priistas), hacen uso de tácticas ventajosas, nada éticas y abusivas para inducirle a la gente la idea de que es necesario utilizar el camino de cuota para vivir mejor, comenzando por su lema publicitario clasista y ofensivo: “te subimos el nivel con el Viaducto Bicentenario” (sugiriendo que una persona que paga una tarifa adicional por transitar con su auto tiene más clase y por lo tanto vale más), para después continuar con el cierre innecesario de calles, simulación de accidentes o autos descompuestos, mantenimiento de alumbrado, banquetas o señalización en plenas horas pico, todo para generar más tránsito y mostrar como única alternativa el pago de $1.32 por kilómetro más 200 pesos por la activación de la tarjeta para el acceso.

Por la mañana, cuando el tránsito es más intenso, es común observar los autos estacionados en los carriles centrales del periférico, cuyos conductores sólo hablan por celular o tienen el cofre levantado fingiendo una descompostura, también han sido recurrentes los camiones de mantenimiento, que a las dos de la tarde reciben órdenes de pintar los puentes peatonales y ocupar hasta dos carriles para dichas tareas. En la noche, se cierra periférico en tramos aleatorios donde no se realiza ya ninguna obra, desde el toreo hasta plaza satélite, generando congestionamientos viales a la altura de Toreo, Av. Primero de Mayo, Gustavo Baz y Lomas Verdes para las personas que decidieron no pagar más por utilizar su auto, como si fuera poco gasto el altísimo precio de la gasolina, la tenencia, la verificación y el seguro.

A algunos mexicanos, les  encanta adular a la iniciativa privada, hablan maravillas de ella y la identifican inmediatamente con el primer mundo. En contraste, estas mismas personas, consideran que la inversión pública significa populismo o necesariamente endeudamiento; yo en lo particular pienso que lo mejor es que coexistan ambas, pero en un mercado justo, libre y humano, no en este lodazal de ambición, trampas y mañas en el que se le permite a una empresa trabajar aliada al gobierno, en perjuicio de los habitantes, con el objeto de obtener dinero “a la mala”. El Viaducto Bicentenario, sin necesidad de las “técnicas” nada éticas para obligar a la gente a utilizarlo, era ya una mal proyecto cuyo beneficio no alcanza ni al 5% de la población en la zona norte de la ciudad y cuyas afectaciones viales resienten el resto de los 500 mil automovilistas que a diario circulan por ese lugar.

¿Qué hacer al respecto? Yo sugiero no utilizar el Viaducto que francamente es una estafa y exigir al Gobierno de Peña Nieto proyectos que de verdad funcionen, como mejorar el transporte público, que en el Estado de México es particularmente deprimente y caro. Formalizar las rutas de los microbuses, renovar unidades y uniformar las tarifas, apoyar a los transportistas con más vigilancia pues los asaltos a bordo de estos vehículos en esta entidad casi se duplicaron del 2008 a la fecha, brindarle alternativas a las personas para que lleguen a su trabajo y después sí, cuando se hayan solucionado estos problemas, cuando circular por los municipios del Estado de México sea una experiencia decente en lugar de frustrante y cara, quien quiera pagar 30 pesos por recorrer el periférico con el único beneficio de tener vista panorámica, entonces sí estará en todo su derecho.

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chale · Política

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