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Abr 30, 2011
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La religión es el APIO del pueblo

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Si usted, amable lector, se ha sometido a alguna dieta, probablemente sus amigos (o el nutriólogo) le han sugerido consumir apio entre comidas para soportar el hambre. La razón es sencilla: el apio pertenece a un reducido grupo de alimentos conocido como “quema-grasa”, llamados así por aportar al cuerpo menos calorías que aquellas necesarias para digerirlos. Por ejemplo, un pedazo de apio contendrá al rededor de dos calorías, mientras que para digerirlo, el cuerpo utilizará casi diez.

Después de aclarado esto, creo que tendré un fundamento para extender la famosa expresión de Marx y decir que no sólo la religión es el opio del pueblo, sino también su apio. Para entenderlo, sólo basta referir a los temas relevantes del momento: La canonización de Juan Pablo II y la “boda real”, ambos, temas que han absorbido la atención de los medios de comunicación y de la población en general, además de recursos económicos, pero no devuelven ni aportan un beneficio auténtico a la población, por lo menos no proporcional al esfuerzo y empeño que la sociedad les dedica.

Aclaro que incluyo la Boda Real como un tema religioso, pues recordarán que lo único que diferencia a usted del príncipe de Gales (además de una fortuna estimada en millones y millones de euros), es que a él, como a todos los “nobles”, Dios los nombró por alguna extraña razón y sin testigos, superiores al resto de los mortales. Y al final del día, ¿en qué forma puede beneficiar la boda, no sólo a los mexicanos, si no a alguien en el mundo que no sean William y Kate?

En el caso de la canonización de Juan Pablo II, nos enfrentamos a un asunto similar. Quizá algún burócrata católico podrá explicármelo, pero ¿con la creación de un nuevo Santo (acordado por los humanos, no por ninguna deidad autorizada) mejorará la probabilidad per cápita de recibir un milagro?, lo dudo.

Mi teoría es sencilla; la religión, que debería fungir como la mejor al alternativa para el humano de encontrar el consuelo y la paz espiritual (y la razón por la que la gente le dedica tanto tiempo y dinero), no devuelve ni siquiera lo que promete y en cambio, lo llena de preocupaciones, miedos y confusiones; se comporta como el apio en nuestro cuerpo y ocupa más energía de la que aporta.
La iglesia habla de valores, principios y una sociedad tranquila, pero enfrenta a la población con temas como la homosexualidad y el aborto, temas que por su naturaleza no son de carácter ético ni de pertinencia social, sino individual y simultáneamente demuestra que no tiene autoridad moral para tratar estos temas cuando no ha podido resolver los problemas internos con los sacerdotes pederastas. Se involucra en política y pide que los ciudadanos renuncien a criterio electoral en favor de los intereses eclesiásticos, mientras se descubren casos de lavado de dinero, encubrimiento y apropiación ilegal de bienes por parte de quienes dirigen la iglesia mexicana. 

¿Por qué honrar a Juan Pablo II o al principe William? ¿Por qué continuar visitando la iglesia o aportando recursos en forma de dinero o tiempo? Hoy en día, la religión institucionalizada causa más conflictos a la sociedad que aquellos que puede resolver, aunado a esto, funge como medio enajenante y distrae a las personas (incluso a las que no son devotas) de temas que le son mucho más cercanos y que sin dudo lo afectaran directamente, como la Ley de Seguridad o la nueva Reforma Laboral. Así que les sugiero, que ya no consuman más religión, por lo menos de aquella que se da en las iglesias, al menos claro que estén a dieta.

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