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May 11, 2011
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Los límites de la obediencia, El experimento de Milgram

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¿De qué crees que sea capaz una persona “normal” ante las órdenes de lo que ella identifica como autoridad?. ¿Hasta dónde llegan los límites de la obediencia?.
Hace ya rato, a princios de los años 60’s un catedrático de Psicología en Yale, Stanley Milgram, se le occurrió realizar una serie de experimentos con los cuales podría responder a esas preguntas surgidas particularmente del juicio de Adolf Eichmann, Teniente coronel al servicio de Adolf Hitler. Eichmann fue condenado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la Humanidad durante el régimen nazi. Él se encargaba en ese entonces de la planeación y logística. Planeó la búsqueda, captura, transporte y exterminio de judíos en el Holocausto. Durante el juicio, Eichmann expresó su sorpresa ante el odio que le mostraban los judíos, diciendo que él sólo había obedecido órdenes, y que obedecer órdenes era algo bueno. En su diario, en la cárcel, escribió: «Las órdenes eran lo más importante de mi vida y tenía que obedecerlas sin discusión». Seis psiquiatras declararon que Eichmann estaba sano, que tenía una vida familiar normal y varios testigos dijeron que era una persona corriente.

Milgram movido por la curiosidad decidió investigar sobre los límites de la obediencia ante la autoridad y para tal propósito ideó una prueba sencilla que consistía en lo siguiente:

Dos individuos acudían a su laboratorio, aparentemente para participar en estudio sobre la memoria y el conocimiento. Uno haría de «alumno»; y el otro, de «profesor». El alumno pasaba a una habitación  donde se le ataba con correas a una silla y se le conectaba un electrodo a la muñeca. Mientras tanto, el profesor se sentaba ante una gran máquina llamada «Generador de descargas eléctricas tipo ZLB». El aparato tenía una serie de palancas denominadas de izquierda a derecha «Descarga leve», «Descarga moderada», «Descarga fuerte , hasta llegar a «Peligro: descarga potente» y por último a dos palancas etiquetadas con un sencillo pero siniestro «XXX». Al alumno se le explicaba que debía memorizar varias listas de palabras pareadas y que si se equivocaba, el profesor le aplicaría una descarga breve que iría aumentando sucesivamente de intensidad.

El proyecto experimental era de hecho un complicado montaje. El verdadero protagonista era el «profesor» y el objetivo del experimento no era estudiar el efecto del castigo sobre la memoria, sino comprobar la capacidad de una persona corriente para hacer sufrir a una víctima inocente y angustiada. El alumno era falso y las descargas eléctricas no eran tales.

 

Los resultados de los experimentos resultaron muy distintos y sorprendieron a los investigadores optimistas confiados en lo que hasta el momento consideraban «la naturaleza del mal».

Milgram sé quedó atónito: más de la mitad de los estadounidenses de New Haven, una tranquila ciudad del estado de Connecticut, parecían estar dispuestos a electrocutar a un conciudadano hasta dejarlo inconsciente o incluso producirle la muerte, sólo porque un hombre vestido de bata blanca les había dado instrucciones de hacerlo.

Una persona corriente que cumple con su trabajo y no parece especialmente hostil puede convertirse en el agent ejecutor de un terrible episodio destructivo. Además, pese a la naturaleza dañina de un acto incompatible con los criterios éticos más elementales, pocas personasparecen tener la suficiente entereza para resistirse a la autoridad.

“Rebelarse vende. El negocio de la contracultura Joseph Heath & Andrew Potter”

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

Ahora estimado lector, sepa usted que este tipo de experimentos se ha repetido constantemente a través de los años en distintos países, y los estudios en promedio arrojan como resultado un 60% de personas que estarían dispuestas a obedecer a la imagen de autoridad y no sólo eso sino a convencerse de que no es malo hacerlo.
¿Cree usted que sea un atrevimiento sospechar que en nuestro país este tipo experimentos mezclados con el poder anestésico de la televisión influya por ejemplo en la percepción de nuestra realidad nacional? Imaginas cómo esto puede estar relacionado con años y años de generación de consciencias adormiladas que repiten casi al unísono las noticias, argumentos, razones y lineamientos de pensamiento que día a día aparecen en ése medio?.

Chale, al final la solución es tan simple como oprimir un botón, para que al tiempo de apagar la TV, prendiera miles de criterios propios ¿no crees?.

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