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Nov 22, 2011
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Comiendo buñuelos y rompiendo los platos.

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Presuroso me pongo ante la máquina con una preocupación exasperante, se termina noviembre y entre gritos y abrazos ansiosos por las celebraciones de final de año, comienzan las preocupaciones, no banda, no, no, no, no es por la crisis, por los miserables salarios mínimos, por los desempleados, por las fatigas mentales, por que se caen los helicópteros, por que el chicharito se lesiona, por la grandiosa televisión, no, me preocupan las tradiciones con dejo de historia y con presente de intento de asesinato.

Algunos conocedores, entenderán que bueno, toda tradición que implica un objeto en el aire con un destino incierto puede o no encontrar a un transeúnte despistado, a algún chamaquillo desprevenido, o bien a la abuela que por la tarde sale a disfrutar del parque o a rendir tributo a las siempre fieles reproducciones de nuestras divinidades.
No se adelanten a las noticias, no piensen que son los palos peligrosos en las manos de algún tipo con un poco de ponche encima dispuesto a regalarnos las golosinas o las frutas, ni tampoco alguna botella ya con cero residuos de alegría, no, no, por favor esas son tradiciones que nos recuerdan lo bello de esta vida.
Me refiero a una peligrosa actividad que ha cobrado ya un par de vidas y uno que otro descalabro.
Todo buen mexicano o turista conocedor, sabrá inmediatamente que me refiero al dulce típico de los buñuelos.
La tradición propia del pueblo de Oaxaca y propia también de las fiestas que se avecinan, consiste en la venta de este riquísimo postre bañado o remojado en miel servido en un plato muy sencillo, el cual después de la degustación del dulce se rompe, si asi es, leyeron correctamente, se rompe lanzándolo con toda la ira a su destrucción.
La tradición cuenta que esto se lleva a cabo en recuerdo de la fiesta azteca de Atemoztli, en la  que se rompían los platos, cacerolas y ollas. Otra versión dice que los platos se rompen en recuerdo de una gran epidemia de cólera que sufrió la Ciudad de Oaxaca y que para evitar su propagación, los utensilios de los enfermos se rompían una vez recuperada la salud, como manifestación de la alegría.
Y que conste que uno, no le busca sus defectos al mundo, como da vuelta este globo y lo que era un sinónimo de la alegría es hoy un peligroso acto en manos de perversos y desviados del camino del señor, pero para que usted no crea que yo soy un tipo que intenta inventarle todo esto, aquí un ejemplo claro de la malicia del ser humano:

Así que ya lo sabe usted no queremos que la cifra de muertos esta navidad aumente, en este país lleno de alegría, no se preocupe por naderías como la guerra contra el narco, el decomiso de 15 millones de dólares sin disparar una sola bala (no se cuestione a donde irán esos billetes verdes, son cosas que buscan quitarle su sonrisa) en fin todo parte de ese cúmulo de cosas, que bueno, sólo quieren distraerlo a uno de las cosas importantes como los regalos, el árbol, las tradiciones anglosajonas, imperialistas, los gordos barbones vestidos de rojo, el maratón Guadalupe-Reyes, instrumentos de felicidad, no mi amigo y cuasi yo querido lector, preocúpese usted por las tradiciones que conllevan muchos más peligros, evítelas y felices fiestas muy adelantadas, ¡SALUD!
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