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Jun 25, 2015
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Baudelaire en drogas

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Yo se lo advierto constantemente, acá la banda de #chidoYchale siempre innovando, se saca unos temas de la manga como para que el público conocedor entre en llanto del asombro, una onda cuasi síndrome de stendhal (cosa chévere que un día le cuento), hoy es turno de las drogas, siempre de moda, siempre en la mesa, siempre llenas de prejuicios, falsas ocurrencias y dulces llena frascos de identidades más vacías que nuestro palabrerío en #chidoYchale.

Para adentrarnos en el tema y sacudirnos un poco, dedicaré estas líneas al maestro de las letras francesas, aquel, que en su lucidez inmensa, nos trajo de golpe a la modernidad decadente, lánguida y jodida que aún hoy nos respiramos y embutimos; Charles Baudelaire, el mágico poeta francés, dedicó allá por 1860 un breve espacio entre su creación a sus impresiones sobre el consumo del hachís, titulado “Los paraísos artificiales”

En este ensayo el poeta nos guía a través de las sensaciones experimentadas al consumir la droga, compartiéndonos a detalle lo que su intelecto y sus sentidos van descubriendo conforme la sustancia penetra su organismo y su espíritu (pa´ andar adecuados con la época):

“La segunda fase se anuncia con una sensación de frescor en las extremidades, y con una gran debilidad; uno siente, como se dice vulgarmente, que tiene las manos de trapo, la cabeza pesada y una estupefacción general en todo el ser.”

En los paraísos, Baudelaire también narra sus opiniones sobre el consumo del vino, compara a éste con la droga y termina, fiel a su rol de paseante Dandy adicto a prostitutas y a la bebedera, glorificando el vino y desdeñando la droga:

“El vino exalta la voluntad; el haschisch la aniquila. El vino es un apoyo físico; el haschisch es un arma para el suicidio. El vino hace bueno y sociable; el haschisch aísla. El uno es laborioso, por así decirlo; el otro, esencialmente perezoso. ¿Para qué trabajar, en efecto, laborar, escribir, fabricar lo que sea, cuando se puede obtener el paraíso de un solo golpe? En fin, el vino es para el pueblo que trabaja y que merece beberlo. El haschisch pertenece a la categoría de los goces solitarios; está hecho para los miserables ociosos. El vino es útil, produce resultados fructíferos. El haschisch es peligroso e inútil.”

Al final, Baudelaire era un genio, un hombre que en su odio rotundo por la humanidad, entregó sus sentidos a la contemplación poética de un mundo que comenzaba su fatídica y falaz modernidad, sus ensayos y opiniones sobre el consumo del vino y del hachís, resultan más como un anecdotario que poco aporta a su gran obra, y que funciona más, como libreta para hipsters, veganos, o todo aquel que encaja porque le falta el resto de identidad y se quiere sentir chido, pero como la genialidad es genial aunque uno se sacuda y se bañe hasta con cloro, las letras del poeta maldito no podrían terminar de otra forma, sino liberando de un tajo y de madrazo y escupiedo libre y magistral sobre nuestras insignificantes, chafas y maricas ideas:

“No comprendo por qué el hombre racional y espiritual se sirve de medios artificiales para llegar a la beatitud poética, puesto que el entusiasmo y la voluntad bastan para elevarlo a una existencia supernatural. Los grandes poetas, los filósofos, los profetas, son seres que, por el puro y libre ejercicio de la voluntad, consiguen llegar a un estado en el que son a la vez causa y efecto, sujeto y objeto, hipnotizador y sonánbulo.”

Recomendación siempre chida: lea a Baudealire, pero no caiga por morbo, sólo chútese el poema “El Albatros” y si no se topa con realidad en cada línea, se deja caer y le regreso su dinero.

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