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Jun 30, 2015
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Por si en terapia le dicen ROJO: éntrele sabroso a las correspondencias

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Usted lo compra, lo consume, le sale cuando se raspa o se da un madrazo, y como sabemos que es presa infalible de este mundo, también si lo ve se apasiona o prende, el rojo vende, se derrama en todas partes y en cada esquina, y por supuesto, espanta terriblemente cuando la hoz y el martillo y esa poca idea que en realidad tenemos de todo cuanto sucede.

Pero dejaré a otras tintas (llemas en esta era, huevos por si acaso) los temas esenciales de muertos en cada calle y comunismo que aún, a muchos, arde.

Hace algunos años me tope de reojo en una de esas librerías del viejo, una antología casi pura magia de la Poesía Cubana de la Revolución, y acá me importa un carajo y por favor no haga uso de sus sinapsis elementales y cree chafas correspondencias de conceptos, para que después, en sus terapias le digan rojo y le venga a la mente revolución o cuba o poesía.

Y se preguntará, con justa razón ¿Y acaso tú cabrón no hiciste esas mismas correspondencias para hablar del rojo en esta entrega? Pues no estimado y queridísimo lector, mis correspondencias son mucho más jodidas y embusteras, y como siempre, única y exclusivamente en pro de la idea de venir a joder un poco y patearle ese sillón tan cómodo en que esta sentado apachurrando teclas.

Cuando mencionaron en mi terapia de escusado la palabra rojo, pensé de golpe en un par de poemas de la mencionada antología, que si bien, de rojo sólo en uno aparece la lengua, bien podrían servir como estandarte o combustible para cuando piense en resistencia, o en sentarse a pensar su vida, su país, su mundo, su casa y su buenaventura.

A continuación, me amarro los dedos y les dejo los poemas:

En tiempos difíciles.

A aquel hombre le pidieron su tiempo

para que lo juntara al tiempo de la historia;

le pidieron sus manos, porque para una época difícil nada hay mejor que un par de buenas manos;

le pidieron sus ojos que alguna vez tuvieron lágrimas para que contemplase el lado claro,

especialmente el lado claro de la vida,

porque para el horror basta un ojo, el asombro;

le pidieron sus labios resecos y cuarteados para afirmar, para erigir, con cada afirmación un sueno (el alto-sueño);

le pidieron sus piernas duras y nudosas,

las viejas piernas andariegas,

porque en tiempos difíciles, ¿algo hay mejor que un par de piernas para la construcción, o la trinchera?

Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño con su árbol obediente (el más rabioso, sin embargo, y más fiero) donde esperaba como una niña sola la Hermosura.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

Adujeron que ello era estrictamente necesario.

Le explicaron después que toda esta donación resultaría inútil sin entregar la lengua,

porque en tiempos difíciles

nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron que, por favor, echase a andar,

porque en tiempos difíciles

esta es, sin duda, la prueba decisiva.

HEBERTO PADILLA

Declaración.

Este montón de cosas que hincha la mano,

que me hace besarte,

contar los centavos,

declarar un libro,

es la Revolución.

Es todo eso, y no me digan

que un día me la sabré de memoria,

no me lo digan, aunque me equivoque

con algunas de sus cuestiones.

Porque yo la quiero

siempre en ese ambiente que llena mis locales.

Ese montón de afanaes

difíciles como los méritos.

Por tanto no se parece, es la Revolución.

He dicho que no me la quiero aprender de memoria,

no me la cuenten,

no me la enseñen,

si ella está ahí,

inconfundible como el agua ,

cierta como la vida,

galopando como el humo, grande como el cielo,

y afirmada en todas las cosas,

que uno ha visto.

FÉLIX CONTRERAS  

@PlafElSalto

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