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Jun 4, 2015
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Todas las putas

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Si una es puta, entonces todas lo tendremos que ser. O todas coludas o todas rabonas.

¿Por qué me tienen que llamar puta si demuestro una conducta más liberada que otras mujeres? O en el peor de los casos, ¿por qué tengo que llamar a alguien puta si creo que su comportamiento es inapropiado?

Dejémonos de hacer tontas. Llamar a alguien puta si eres mujer es medir con los mismos estándares de un sistema machista. Entonces sí, también las mujeres podemos ser machistas. Porque calificar a alguien en la dualidad puta/santa no es tan chido.

O sea, si me gusta tener sexo entonces soy puta. Sino, soy una santa. Si me violan soy una puta por la ropa que uso, sino, soy una santa. Si me rehuso a tener sexo soy una puta para los hombres y una santa para las mujeres.

Y si todas fuéramos putas, entonces nadie lo sería; por lo menos no bajo esos términos patriarcales.

Entonces, repito: todas deberemos ser putas, y por qué no, también si queremos, putos.

Ante una palabra con tanta carga histórica para designar a mujeres que cobran por sexo, hay que liberarnos de tales prejuicios, ya que estamos asumiendo que esas mujeres no trabajan en eso porque les gusta. Sin duda es un tema escabroso del que pocas hablamos, pero asumir que todas “las putas” son víctimas es igual de machista que llamar a las mujeres que les gusta el sexo, putas.

Ni muy muy, ni tan tan.

¿Por qué nos violentamos de esa manera? Sino vamos a cambiar colectivamente el significado de puta, entonces dejemos de agredirnos. Nada más por mera solidaridad ante las de nuestro género: si una es puta, entonces todas lo somos.

Porque en una cultura de violación y violencia; cuando llamamos a una puta, entonces justificamos que las violenten, y si está bien que violenten a una mujer, entonces está bien que violenten a todas.

Ya que solo “si te portas bien” no serás una puta, y aún así corremos el riesgo de ser llamada puta. Toda la construcción de la palabra está más relacionada con una concepto del cuerpo y la sexualidad; que quieren adaptar a ciertos estándares que vayan con las reglas “apropiadas para la sociedad”. Y mientras no nos adueñemos de esa palabra, jamás seremos libres.

Sí, es un tema complicado; no podemos adueñarnos de las palabras tan fácilmente, pero tenemos de dos: o la utilizamos para seguir hiriendo y reprimiendo; o la utilizamos para revertir su significado y así encontrar más poder en nuestros cuerpos.

Como diría Clementine Canibal:

“Porque ninguna de nosotras puede estar libre de esta palabra hasta que decidamos ser libres de adoptar esta palabra

porque la palabra nunca va a perder su poder de lastimar mientras que les permitamos controlarla

porque respeto el derecho de la mujer de identificarse a sí misma y espero ese mismo respeto a cambio

porque estoy siguiendo el ejemplo de mis hermanas queer que me ayudaron a reclamar palabras como marica y machona, palabras que significaron tanto en nuestra historia de lucha y resistencia.

Sí, soy una puta”.

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