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Jul 6, 2015
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“No se me importa un pito que las mujeres…”

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No me joda ya amaneció y es lunes y no hay ni un pan para desayunar en este cuchitril musical, pero como seguro usted amable lector ya desayunó, comió y vive feliz su día laboral, además de que le vale pito si uno se muere de hambre, sea bienvenido al artículo inaugural de esta semana.

No, no es resentimiento, no, no es una especie de supositorio mental y ahora piensa uno en aquella idea de la reinvindicación del a-no porque también vienen ahí las dos letras, pero no, disculpe, deje me concentro, el asunto que hoy nos concierne en este artículo diseñado para que usted sufra, es la palabra NO.

Y no me jodas, ahora de que cosa nada interesante, de esas que hacen vibrar al público, nos hablará este carnal, claramente no de las tendencias del tuister o de lo que acontece con el fútbol pa´ sus delicias de chuparse el dedo (abusado y sea cuidadoso, no se atragante) porque seamos sinceros, si usted va por la vida repitiendo hasta el cansancio el mismo meme, el mismo chiste, los mismos temas, corre el riesgo de terminar jodidamente en un tapíz de fotografías en donde su sonrisa será como las de esas campañas del teletón o de la unicef, en donde usted piensa que esta haciendo muy bien por su vida y el mundo, y en realidad sirve para un carajo su existencia, y si se da un tiro -abracadabra- el truco ni siquiera impresiona.

Y bueno como seguro ya se aburrió con tanta tontería mía, a darle.

Pensaba hablarle de los terrores que a la bandera de hoy le da la palabra no, después me vino a la mente las primeras líneas de un poema chévere que comienza con esa palabra rifada y me dije -Plaf, hablemos de eso y al carajo-

El poema del que les hablo es un poema de un carnaval poeta argentino, que se hizo de algunos lectores después de un par de películas en donde casi a manera de homenaje se exponía gran parte de su obra (El lado oscuro del corazón) este carnaval siempre fiel a una idea muy chicles y rifada de la poesía escribió alguna vez un poema, casi piropo pero de lo más rifado que versa así:

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Oliverio Girnodo lleva por nombre el carnal autor de estas líneas, y sí, esta en lo correcto, la palabrita esa del no sólo aparece al principio, pero piense en lo siguiente, acaso no es momento de mandar al carajo aquellas frases hechas en donde usted emprende el ligue a su conquista en turno y le chulea sus ojos y sus labios, y que hermosa y bella y blablabla y optar por asuntos con más valentía, subidos de tono y que seguramente tendrán como resultado un: -qué carajos esta diciendo este cabrón- o bien un madrazo en su mejilla, porque no joda. esas cosas o se dicen así como van, en mi opinión: vale la pena intentarlo para quitarle ese dejo de mismos trapos revolcados a este mundo.

Y así como no queriendo la cosa, hacer del no algo más chévere y menos refractario de dulces ya conocidos, pero esta bien, cierro el hocico por hoy, y mejor le dejo el resto del poema pa´ que se entretenga.

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

@PlafElSalto

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