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Jul 30, 2015
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Si llega tarde, quizás ya estaba

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Yo sé que me extrañó, porque es un lector ávido de mis letras maravillosas y saca bilis, y ahora que pensaba que todo iba bien y este tipo no se aparecería de nuez, jodida equivocación, heme aquí listo para joder.

Llegue tarde lo sé y es un asunto que he pensado siempre en esta jodida vida, complejo de la arcadia, romántico en el sentido estricto o alguna otra estupidez de esas que le llegan a uno, porque no sé usted, pero a mi constantemente me llega la idea si un mundo con gente como Hemingway, Picasso, Fitzgerald y demás bandera no valía más que este circo de novedades en donde usted admira el video de segundo en vine o a los wherevertomierda y se pone a celebrar si gana el América, quizás también eso de lo romántico y las nostalgias es llegar tarde a este jardín de niños.

Pero bueno, si me clavo en el romanticismo tardío, ese que me da comezón cual grano, no acabaríamos nunca, mejor me centro en lo importante, esos temas que hacen de su construcción del ser, de la epistemologia, del sentido de la vida, la verdadera maravilla, claro, los porque refritos y remasticados de llegar tarde a la oficina, a su cita, a la película y madres se perdió el principio y los cortos que a veces son mejores que las dos horas que le siguen.

Esto de la impuntualidad no se remite a sus anécdotas inútiles, quizás, es un verdadero detalle que anda por encima y aparece como marca bien jodida y mal  oliente, cuando quizás por el metro o su mamá o sus horas de asfixia, no encontró en la calle a la sonrisa de su vida, o se perdió el madrazo que de verdad le cambiaría el camino en esa silla acolchonada en la que se sienta a disfrutar como se consume su vida, pero como también mis palabras como la luz del sol a la tierra llegan tarde, mejor le dejo un poema chingón para que piense y se sacuda.

Si llega tarde quizás ya estaba, y yo me pregunto todos los días como chingada madre no llegaron tarde tantos espermas, nos habrían ahorrado tanto pendejo.

 

DICOTOMÍA INCRUENTA

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Oliverio Girondo

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