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Jul 16, 2015
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Yo no sé usted pero lo que yo más extraño son los raspatitos

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Quizás a usted le pasa con su ex novia, su perro diligente que fue presa de los autos o de la vejez con la que no hay modo, a mi con los raspatitos, con las tardes de verano en vacaciones cuando uno no tenia que apurarse por el día, con la sopa de la abuela que despreciaba y hoy anhelo cuando la ensalada desabrida, la lista es larga y expansiva cuando de extrañar se trata, una onda casi natural y pro vida eso de las nostalgias perfectamente liquidables, aunque como siempre (culpa de la tura) uno se pone a pensar si este Complejo de la Arcadía no será más laberinto interesante que las falsas ocurrencias venidas a menos con rejodidas frases como el vive hoy como si fuera el útlimo, y rependejas ideas como que una sonrisa ayuda a algo en este mundo.

Yo no sé y en todo caso ya sabe, me importa muy poco, pero el asunto es que quizás todo eso que es usted hoy, todo eso a lo que le lava los dientes y hasta se proclama individuo especial, único y cada jodida cabeza es un revolcón en la mierda del mismo mundo, siempre trae consigo un detrás inmenso que no es su traste asqueroso o sus espuelas de fama que camina con el pecho pa fuera.

El detrás es mucho más jodido que eso, es su niñez llorando no por capricho o porque se cayó y se puso en su mascara, quizás, es porque su hermano no juega o sus padres lo ignoran, quizás porque los reyes no llegan o siempre equivocan en la lectura de cartas o porque el abuelo se fue y a uno le mienten y después es un golpe, quizás porque no entiende y le da un miedo terrible cuando lo dejan a la puerta y hay que enfrentarse a ser niño en hábitat entre niños, después le domestican las nostalgias, lo enseñan a manera de caballo a ver para el frente y dejar los contornos, los fondos, los abismos para otro día, para el basurero, para la gente que vive mal y piensa el mundo.

Domesticado, se enfrenta después a nostalgias más superficie, la caricatura del chamaco cabellos parados, los dulces maravilla, las retas de la cuadra, cuando era un galán en la secu o la prepa y después los barros, la gordura, el sarampión y sus marcas, y así, en su nuevo orden preciso, las nostalgias se van encontrando cajones, y el niño real, el que sentía más allá de querer la pelota porque el niño de enfrente tenia la pelota, se le va entre las patas, lo pisa y termina en el chicle jodido y pegado en el borde de la banqueta.

El complejo de la arcadia, la búsqueda del paraíso, sus nostalgias porque lo dejaron y ahora se pasea feliz de la mano con otro león furtivo, se vuelven el enemigo y no el asunto manantial de lo que en verdad es usted cuando se ve jodido por sus desveladas o por la asfixia laboral en el espejo mugroso, y cuando por descuido, alguna verdadera nostalgia de una elección mal realizada toca a la puerta, viene de lleno su educación de caballo y la zanahoria del hedonismo, porque vivir es increíble y el éxito cosiste en mirar para arriba y de frente, arriba y de frente rumbo a su pedestal y epitafio perdido en el musgo.

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