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Ago 21, 2015
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Aquí un regalo pa’ su dadora de playas.

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Se lo saborea, se relame y hasta deja babas por todas partes, sí, lo sé, se llega el viernes mitad de quincena y esta de marica sentado en su asiento pensando si debe beberse el resto de varo en su bar favorito o cantina o antro o demás cosa suya, y acá viene este tipo a contarle una de esas que le valen un pito, tanto, como a su servidor su existencia, pero no patee antes de tiempo, y mejor venga conmigo a darle a la tecla, que el tema de hoy, también aplica Pavlov (si se pierde ya sabe, pregunte) y uno babea.

El staff maricotas de este lugar chulo y sabroso puso en el pizarrón “entre tus piernas” y a mí, pasado de moda y falto de ideas, se me viene a la cabeza un resto de cosas, y mire que me contengo, sino hasta el verbo venir termina mal y de buenas y buenas noches, primero, pensé en el terrible espectáculo de las sillas, la muerte pequeña, usted asqueroso y babeado saliendo de su jefa,  y todas esas películas de adictos al sexo, o grupos de ayuda o grupos de todo dándose por todos lados y suspirando de alivio.

Después, pensé si hablarle del trauma de nuestro mundo (y país sobre todo) de mal comidos y mal cogidos, de bultos rascuachos y palabreros que muestran su seguridad de machos girando centímetros, contando mujeres, llenando de palitos su pizarra de ligues, más tarde, y con mucha más falta de ideas, pensaba hablar del lado de allá en donde la mujer caos nos cuenta que tranza con esto de entre las piernas, no tuve ni puta idea y mejor di la vuelta para pensar en las moscas, los perros, y esa intimidad suculenta de ir a las 6 en el metro tan cerca de todos.

Y así, sin nada interesante o que valga la pena contarle, terminé como siempre, jodido, recurriendo a la regla: poesía, total a nadie le interesa, y así, si se la va a gozar o se la esta gozando entre algunas piernas, no termine dando la espalda y echándose una jeta en donde hasta si se le salen los pedos le vale verga, mejor léale lo siguiente a la dama o caballero o muñeca o su mano, quizás así, eso de entre las piernas-espasmo-y-alivio se expande unos días y se pone más sabroso y redondo, redondo.

DADORA DE LAS PLAYAS

De tus muchísimos amantes guardas destrezas, inesperados sesgos,
caprichos repentinos y falsas negativas que una sonrisa desmantela,
quizá la intermitencia de unos ojos hincados en el goce
y bruscamente, sin aviso, esa obstinada negativa a abrir los párpados,
no sé, cosas esquivas, cambios que remontan a gustos superpuestos,
a músicas distintas, a tantos bares donde diferentes manos te leyeron

y donde diferentes nombres entraron en tu alerta indiferencia
de pasajera, de indescifrable francotiradora.

A mi vez dejaré en tu piel la huella de estas ceremonias,
de hábitos definidos, de maneras y de ángulos,
oh arena donde tantos arquitectos levantaron sus torres y sus puentes
para que el viento las llevara mientras tú te volvías al malecón o al bar
virgen a tu manera, la manera mejor y más hermosa de ser virgen

dadora de las playas para los nuevos juegos.

Julio Cortázar / Último Round

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