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Ago 26, 2015
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Dedíquele un poema a su hermano mayor

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Una pinche tos de casi tres semanas me jode todas mañanas, tardes y a veces hasta por las madrugadas castrando mi de por si ya castrado sueño por andar soñando mujeres que no existen o que medio existen o que se quedan adentro de un salón de clases mientras uno se pega en el vidrio de la puerta a esperar que salgan al baño, y entre mis ridículas anécdotas, pienso en estas tres semanas, en el tiempo, en eso de darle al adjetivo de menor y mayor y crecer y quedarse en la ventana, y así como de madrazo, cosas que ya sabrá le pasan a uno, me llega lo del hermano mayor, y entonces las delicias.

Yo tengo un hermano mayor y he pensado mucho en el adjetivo que acompaña la onda del hermano, no por la idea falaz de los ejemplos, los caminos a seguir, la familia ideal que se protege y no es el primer odio natural por aquello de las libertades y la educación de occidente, y cuánto más se separan los años, las idas, las caídas, el mayor se vuelve contradicción, antónimo, vuelta de hoja, y así, sin recordar los madrazos que nos dimos cuando morros, los uniformes o la ropa dobleteada, me viene de golpe la poesía, cosa que es mi grano principal y entonces a rascarse.

Y así, el chido y siempre banda Alejando Aura, escribió:

MI HERMANO MAYOR

Yo tenía un hermano mayor;
era siempre cinco años más amable y más sereno;
quería un escritorio y un caballo
y una manera nueva de contar los sueños
y una mina de azúcar, de seguro.
Le gustaba leer y razonaba,
a veces era tierno con las cosas
pero yo nunca vi que fuera un niño.
Era un hermano mayor con todo su traje azul marino,
con toda su camisa blanca blanca,
con toda su corbata guinda oscura muy de gala.
Yo tenía un hermano mayor
de pie sobre la luz;
me daban miedo las calles en la noche
y el corredor oscuro de la casa,
me daba miedo estar a solas con mi abuela,
pero tenía un hermano mayor
sobre la luz cantando.
Mi hermano mayor también era un fantasma,
una calavera dientona,
una carcajada de monje a media noche.
Mi hermano era un muchacho blanco y sin anginas.
Por eso nunca nos comimos juntos
ninguna jícama del camino
ni rompimos de guasa los vidrios de las ventanas
ni nada que yo recuerde hicimos juntos.
Ni jugamos ni fuimos enemigos.
Éramos buenos hermanos, como dicen.
Se habló de inteligencias y de escobas,
se discutió sobre los pantalones cortos y las hostias
y el carrito con ruedas de patines;
se supo y se dijo que mi modo era grosero
y mi cabello oscuro.
Él era siempre mejor que yo
cinco años.
Hace cinco años se casó mi hermano.
El que se casa pobre
tiene que andar cuidando su manera de contar estrellas,
tiene que andar despierto y trabajando, qué remedio.
Se tiene que acabar de cuajo con los sueños, dicen,
porque vienen los hijos, la suegra, los cuñados,
y lo dicen, aquello de los sueños, sin decoro,
sin tocarse la vena, sin énfasis ni estilo,
como el que dice que no sabe de dónde viene el hombre.
Hace cinco años que no crece ya mi hermano.
Mi hermano,
mi hermanito menor, mi consentido.

ALEJANDO AURA /CINCO VECES, LA FLOR

Cosas del hermano mayor, y con la poesía también hay otras comezones, y quizás usted se revuelca en otras distopías y relaciones con su carnal o sus carnales, pero también viene la expiación de los adjetivos, la sacudidas, el cariño.

  1. Si lo lee con su ano metido en su mundo posmoderno de los flujos y los líquidos, libérelo, acuérdese del supositorio y de ciertos orgasmos, tóquese con cariño 😉

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