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Ago 17, 2015
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No hablemos de las palomas

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Lunes de darle al ano su lugar en el escusado, y ya se la sabe, suena el reloj, hay que levantarse y darle al trabajo, la escuela, los niños, las condescendencias, los buenos días hipócritas y relamidos y otras relamidas más, pero acá andamos con nostalgias liquidables a la primera, de esas que el compa de V (si se pierde vea la imagen del post pa que no pregunte) guardaba en el cajón de souvenires inútiles.

Y cómo ya el asunto se pone terrible y horrendo con eso de que amanece y el mundo sigue en píe y todos ustedes respiran, iniciemos la semana con comezones, pa que nos rasquemos rico los cinco días que no restan.

Se acordará de la canción aquella de Paloma negra, o de cuando a un compa le entraba lo artístico y se aventaba el palomazo y todas esas mierdas que se le caen al piso cuando se sienta en la butaca, porque es medio idiota y ya sabe, las palomas vuelan más allá de la iglesia, si, animales cínicos que se pasean por todos lados, dándole vuelo a la cagadera y al ritmo de caminatas con funk. Y cómo hoy ando de palomero también, le va la dedicatoria por tanto mal entendido (acá si no sabe, no pregunte, ya sabe me vale pito) así que hablemos, o como siempre, no hablemos de las palomas:

REDONDOS

Fuimos displicentes,
noche de esferas
porque siempre,
demasiado redondos
nos vamos por las veredas
subimos de espaldas
y cantamos hasta ser parte gallo
y parte perro,
creyendo, que toda mano
amenaza
y que el color es altivo,
quizás también por los traseros
o por el olfato,
quién sabe,
somos pocos y merecemos la orilla
para lanzar el arroz en todo lo alto
a la pareja que ríe
y quedarse dos días
a levantar cada grano
por el amor a las palomas,
por el amor a estar buscando.

José Alfredo Pérez Robles

Chido lunes que no se lo coma la silla, el escusado o lo caguen las palomas.

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