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Sep 23, 2015
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De Freud no sé un pito

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Hay tanto asunto que desconozco, un día quizás, en esa especie de combate con todos, me ofreceré para uno de esos experimentos en donde me quiten una hormona y a la verga, toda mi pulsión o voluntad o ganas que se re jodan y nos vemos, la vida regresa a su gigantesco absurdo en donde nada, y por supuesto nadie, importa algo.

Pienso de vez en cuando en las ondas que la banda de la literatura le deja a uno como herencia o jodidos pensamientos, después vienen y le tocan a uno la puerta para decirle que debe escribir sobre Freud y de Freud no tiene ni idea, le aconsejan darle a la letra sobre la envidia de pene, para que se lance el grito de la incomprensión de los signos y entonces, la misoginia, los lectores hembra, los lectores sillón de terciopelo y el cabrón comediante que se saca las bromas inteligentes.

Y así Freud está muerto, también la onda de resignificar los conceptos esta muerta, y mañana esa dama por la que chorrea, también estará muerta.

Del psicoanálisis o las fases anales, orales, fálicas yo sé que la comezón, la sucesión, y uno crece y se olvida de las preguntas, y en todo caso, lo poco que sé no vale para un artículo jodido en donde a usted le doy por su lado y por debajo le pinto huevos, ya sabe, mi firma favorita, pero hay algo en ese compadré que me llama la atención, aquel pedo de la pulsión, y entonces también me vienen otras ideas, el mundo como voluntad y mis otros compadres,  si la pulsión de la vida es un asunto de preservación, entonces también Darwin, también evolución, también el cajón de souvenirs inútiles y las fisuras en los afectos humanos cerrándose muy rápidamente.

Estoy divagando, y quizás es eso lo que hago, y por ello nadie lee mis chingaderas en estos lares, aunque también pienso, si acaso la dialéctica (aunque no sea Freud) no es lo único que abre la ventana, da pie a la pregunta, al madrazo en la cara y a la vendita incertidumbre, en donde las etapas y la pulsión se vuelven el asunto y todo, como al principio, regresa a su dimensión mínima, y entonces Wakefield:¡Pobre Wakefield! ¡Cuánto desconoces tu propia insignificancia en el seno de este mundo!

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