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Sep 21, 2015
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El poeta chingón.

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Siempre me ha parecido un poco imbécil (quizás porque como se ha dicho antes es el imbécil quien escribe) hablar de conceptos que vienen y se pegan como chicle en el palabrero de la banda, y después sirven de saco, barba, o cualquier dispositivo y accesorio que me dote de identidad y pedantería porque yo rifo y soy chingón y mis ideas, aunque ocurrencias, son mías y son ley, y si, tú, aunque argumentes, eres un pendejo ignorante.

Pero como a gritos algunos temas de este staff marica y pocos huevos de #chidoychale me piden mentadas de madre, pues uno apechuga y se lanza, ya saben, a escribir sobre otras cosas.

Y ahora para su delicia 5 cosas jodidas:

1.Pensar en ella

2.El puto reloj biológico

3.Quemarse las chingadas orejas

4.Que llamen dramatismo o melodrama a ciertas conductas verídicas y naturales, sólo por los estigmas y las ventanas cerradas

5.Que te pongan temas tan piteros pa escribir y te de un poco de lástima entregar un artículo en 8 palabras: A la mierda con las pendejadas y ocurrencias. 

Y así de ambiguo todo este pedo y así de inconexo, aparente, como todo en este juego en el que andamos, que quizás ni andamos y sólo nos andan, como la bicla que le pedalean o me pedalean, ya sabe, por otras mariconadas más de esencia, así casi como de la chingada amaneció este lunes y sonrió y dio los buenos días, así de mierda y así de proactivo, así de pinche este palabrerío mío.

Y ahora me callo y como me fascina el libre albedrío (seguimos creyendo que elegimos en todo y que todo está bien y seremos los dueños, ah que pendejos) le dejó un texto chingón en donde las cosas se ponen y un compa se rifa.

Elecciones insólitas.

No está convencido.
No está para nada convencido.
Le han dado a entender que puede elegir entre una banana, un tratado de Marcel, tres pares de calcetines de nilón, una cafetera garantida, una rubia de costumbres elásticas o la jubilación antes de la edad reglamentaria , pero sin embargo no está convencido.
Su reticencia provoca el insomnio de algunos funcionarios, de un cura y de la policía local.
Como no esta convencido, han empezado a pensar si no habría que tomar medidas para expulsarlo del país.
Se lo han dado a entender, sin violencia, amablemente.
Entonces ha dicho “En ese caso, elijo la banana”
Desconfían de él, es natural.
Hubiera sido mucho mas tranquilizador que eligiese la cafetera, o por lo  menos la rubia.
No deja de ser extraño que haya preferido la banana.
Se tiene la intención de estudiar nuevamente el caso.

Julio Cortázar -Último Round  

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