web analytics
Oct 5, 2015
354 Views
0 0

Baudelaire y el Llaverito

Written by

Yo me acuerdo de un compadre que le decían el llerveríto, estaba cagado hasta la chingada el tipo, flaco, ojos perdidos, risa somnolienta pero siempre sacaba, invitaba y sobre todo pedía. El compa era chido, la hierva dos tres.

Como hoy amanencí granoso y no se me dio el pinche tema en todo el día, y alguna vez, recuerdo, ya le conté que pedo con eso de los elixires, se lo recuerdo porque me cae que lo chingón si pisa este mundo: (“Terminaré este artículo con algunas hermosas palabras que no son mías, sino de un notable filósofo poco conocido, Barbereau, teórico musical 94 y profesor del Conservatorio. Yo estaba cerca de él en una reunión donde algunas personas habían tomado el bienaventurado veneno, y me dijo entonces con acento de desprecio indecible: “No comprendo por qué el hombre racional y espiritual se sirve de medios artificiales para llegar a la beatitud poética, puesto que el entusiasmo y la voluntad bastan para elevarlo a una existencia supernatural. Los grandes poetas, los filósofos, los profetas, son seres que, por el puro y libre ejercicio de la voluntad, consiguen llegar a un estado en el que son a la vez causa y efecto, sujeto y objeto, hipnotizador y sonámbulo.” Esta vez me dará más hueva y mejor le entregaré un poema, porque ya sabe es lo mío, aunque a usted le duela, se le achique el ano y comience con sus esteriotipos y etiquetas de mierda que la poesía y la verga, mejor sentado y así ni siente ni se inmola cuando lo lea

Y que dijo, este compadré será complaciente y si me pondrá un poema de esos, pues dedo:

El viaje

                       A Maxime du Camp

I
Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!

Baudelaire

(Visited 86 times, 1 visits today)
Article Tags:
· · ·
Article Categories:
Sin categoría
Menu Title