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Oct 2, 2015
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El poeta y sus adicciones postmodernas

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Yo soy adicto a la palabra ventana a la palabra increíble, a la palabra insólito y a otras cuantas que seguro a todos los demás les importa un pito, fui adicto a la dextrosa comprimida pero luego es un pedo encontrarla en sobresitos con polvitos de sabores, eso y mi adición constante a dejarme ir aunque me parta la cara, porque bueno, ya saben banda, esto de entregarse hasta los bordes no es lo de hoy, lo de hoy son las migajas cuando hay antojo.

Algo así debe ser el pedo de lo postmoderno, cuando leí el tema chingadera, de esos que le encantan al staff silla-postmoderno-líquido-y-pendejo de esta madre de chidoychale, pensaba venir acá y darle unos 10 párrafos de mi mala interpretación de Bauman o de mis arcaicas lecturas de cuasi anciano de 29 años (guiño) anclado a la dialéctica de un compadre que dijo pura pendejada pero que parió un chingo de ideas de lo que hoy es Occidente aunque a todos nos valga verga, y después me dije, Plaf, no jodas esas también son grandes pendejadas, mejor una de esas pinches metáforas chafas y un dedo pintado en el albor de los días (guiño-guiño).

No sé si está madre de lo post tenga adicciones o en realidad ya sean costumbres, aunque le pese a toda la banda que se envuelve esta etiqueta (y ahora por la palabra le pese doble) pero quizás, en mi mala comprensión del mundo, el asunto está en esa terrible ausencia de identidad que dependiendo del clima y las circunstancias oscila, se endurece, se licúa, y se vuelve tan voluble como un estoy chido-sácate a la verga con dos segundos de diferencia, el asunto no es si este híbrido de personalidades y multiplicación de justificaciones y tolerancia, hace más ancho el horizonte, sino que también genera un constante distanciamiento con el individuo en su soledad y en su coexistencia con el otro, y el otro sólo se vuelve la leña pa´ver si hoy enciende el fuego o mejor le doy a la estufa o mejor la corriente eléctrica, no es un pedo de certezas, porque al final la única es que no cargará la verga, es un pedo de un sutil encogimiento de hombros y un darse la espalda para que no pegue la brisa en la cara. Es un pedo  incluso con la verdadera redefinición de lo cotidiano, para volverse una mera sustitución híbrida de la búsqueda elemental de la satisfacción, y quizás yo estoy bien jodido y soy un paria y no sé ni madres de muchas cosas, o quizás en esas comezones que me dan, entiendo que rascarme es igual de inútil y liquidable si los granos salen hasta por el sol, y en todo caso: cuánto ignoramos nuestra insignificancia, cuánto ignoramos el gran absurdo en que caminamos y cogemos y comemos, cuánto ignoramos que pensar en coexistir y en existir no sólo se limita al individuo o a la pendeja tolerancia y aceptación del otro, cuánto ignoramos que los juicios no son lastres o cierran la ventana, cuánto ignoramos que de madrazo se encuentra uno a su Beatriz por la mañana y verga… 30 años de perderse y de buscar significados. 

En fin, dele usted a su vida postmoderno, que yo soy muy chafa, amargado y chale hasta el aniseto, y además caigo constantemente en huecos, aunque el hueco que quisiera me ponga huevos y se cubra de la brisa.

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