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Mar 22, 2016
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Muerte del Hijo del Perro Aguayo no cambió nada en la lucha libre

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Ayer se cumplió el primer aniversario luctuoso del Hijo del Perro Aguayo, quien murió tras sufrir un traumatismo cervical en plena función de lucha libre en el Auditorio Municipal de Tijuana, Baja California.

Como suele suceder en estos casos, todo mundo levantó la voz entonces, se criticó que haya sido sacado del recinto en una tabla y no en una camilla y se habló de las pésimas condiciones en que laboran los luchadores. Pero nada ha cambiado desde entonces…

En el pancracio nacional la cosa sigue igual de gacha, pues los luchadores, que son los que exponen su físico y se arriesgan, siguen sin ser considerados una prioridad en las funciones.

Incluso los amos del ring no cuentan con ambulancias que los atiendan en caso de emergencia y mucho menos tienen seguro médico.

A pesar de que los riesgos son constantes en este deporte tan arraigado en la cultura popular mexicana, según El Hijo del Santo, son sus mismos compañeros quienes no se ponen las pilas y no exigen mejores condiciones laborales.

“Poco se preocupan por saber si existe una ambulancia para emergencias o protocolos en caso de una contingencia”, afirma.

Los hombres y mujeres que se aplican las hurracarranas en los encordados y se dan hasta con la cubeta siguen trabajando de igual manera que antes de que muriera “el perrito” en este deporte de alto riesgo que tantas satisfacciones nos ha regalado al público.

Según el hijo del “enmascarado de plata”, lo que hace falta en este deporte-espectáculo es unidad entre los mismos gladiadores, para que pidan lo que es justo y un derecho para su trabajo.

Para el luchador, lo que le pasó a Pedro (nombre real del luchador) fue una emergencia que levantó alarmas, pero que, como suele pasar en este país, se nos fue olvidando poco a poquito.

Obviamente en este problema también están los promotores que se pasan por el arco del triunfo esto ante las débiles comisiones que existen en la materia. Además, el no pagar seguros ni paramédicos o ambulancias, les genera ahorro a sus bolsillos.

Lo más gacho, es que quienes se dedican a esto saben de los peligros que corren y aún así se juegan la vida por unos cuantos pesos. Increíble, pero cierto.

Ante la falta de personal especializado, a veces son los mismos entrenadores quienes tienen que hacerla de médico y acomodar hasta huesos.

¡Chale!

Con información de El Universal.

 

 

 

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