Un astronauta tomó fotos del Lago de Chapala desde la estación espacial y quedó grabado: el lago más grande de México está ahí, tranquilo, entre tres fosas tectónicas que lo tienen entre la espada y la pared. ¿Chido? Sí. ¿Chale? Un chingo.
LO CHIDO
Mira, a wey, que alguien desde 400 km de altura agarre una cámara y diga “orale, ese lago existe y se ve hermoso” tiene su valor. El Chapala está en la intersección de tres fosas tectónicas[1] — geológicamente está cañón, muy cañón. Es como tener un compa que vive en la esquina más peligrosa pero sigue ahí, chingón.
LO CHALE
Aquí viene lo feo: mientras un astronauta le toma selfies desde el espacio, el Chapala pierde agua a ritmo de película de desastre. No manches, el lago que abastece a un chingo de municipios en Jalisco y Michoacán está cada vez más seco[1]. La foto bonita desde el espacio no alimenta a los pescadores que viven de eso, ni paga la sequía que nos está tronando el país.
Está bien que el espacio nos recuerde que existimos. Lo chale es que mientras tanto, aquí abajo estamos resolviendo con lo que hay y cada vez hay menos. Ni pedo, a echarle ganas.

