Las Big Tech están fichando filósofos y éticos a sueldos de ingeniero. Suena chingón hasta que preguntas: ¿cuántos han frenado un solo producto?
7% de los ingresos globales anuales: eso es lo que la UE puede multar a una Big Tech si su IA viola el AI Act — para OpenAI serían miles de millones de razones para contratar filósofos de adorno.
✅ Lo Chido
La neta, tener gente que sí se pregunta “¿y esto a quién chinga?” dentro de una empresa no es poca cosa. Algunos de estos equipos han logrado pausar desarrollos internos, documentar sesgos raciales en sistemas de reconocimiento facial[2] y publicar marcos de evaluación que hoy usan reguladores en la Unión Europea[3]. Para el mundo académico también es chido: filósofos que antes ganaban 18,000 pesos al mes en una universidad pública ahora negocian sueldos de 150,000 a 300,000 pesos mensuales[1] y tienen acceso a sistemas que ningún investigador independiente puede tocar. Eso genera conocimiento real, aunque sea desde adentro.
❌ Lo Chale
El problema es estructural y está cañón: estos filósofos le reportan a los mismos directivos cuyo bono depende de lanzar el producto más rápido. Timnit Gebru, una de las investigadoras de ética en IA más citadas del mundo, fue despedida de Google en 2020 justo cuando su investigación incomodaba a la empresa[4]. Desde entonces el término “ethics washing” —lavarle la cara a un producto peligroso con un filósofo de adorno— es moneda corriente en Silicon Valley. Un chingo de empresas disolvieron sus equipos de IA responsable en 2023 cuando llegaron los recortes[2], lo que deja claro quién manda: la hoja de cálculo, no Kant.
🔎 ¿Qué pasó?
Google, Meta, OpenAI y otras empresas de IA llevan años contratando filósofos de la mente, bioeticistas y especialistas en filosofía moral para sus equipos de “IA responsable”. Según Wired[1], la demanda creció junto con la presión regulatoria global, no antes. El patrón: llegan los filósofos después de que el producto ya está lanzado.
📱 ¿Y a ti qué te afecta?
Al tío de Ecatepec esto le afecta así: cada app de crédito, cada filtro de CV, cada chatbot del SAT que decide si te atienden o no, fue diseñado con o sin alguien que preguntó “¿y si esto discrimina a alguien?”. Si el filósofo de turno tenía poder real, quizás el algoritmo no te rechazó el préstamo por vivir en código postal 55000. Si era puro adorno corporativo, ni pedo, ya te rechazó y no hay a quién reclamarle.
💰 ¿A quién le conviene?
A las Big Tech les conviene un chingo tener filósofos en nómina cuando los reguladores tocan la puerta: la UE ya aplica el AI Act con multas de hasta el 7% de ingresos globales anuales[3], y mostrar un equipo de ética es defensa legal antes que compromiso moral. OpenAI valuada en 300,000 millones de dólares[5] puede pagar 20 filósofos y contabilizarlos como escudo regulatorio. Al mexicano promedio le conviene que esos filósofos tengan dientes, no foto en el sitio web.
⚖️ Balance de esta tecnología: Más chale que chido
Si el filósofo que cuida la ética de un producto le reporta al CEO que gana bono por lanzarlo, ¿quién cuida al filósofo?
Fuentes
📌 También te puede interesar
Imagen: Jacques-Louis David / Public domain / Wikimedia Commons






