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Extrema derecha en Colombia: Abelardo de la Espriella y lo que nos dice a México

junio 23, 20267 min read

3 min · verificado

Un abogado que prometió ‘destripar a la izquierda’ y matar criminales ‘como ratas y cucarachas’ acaba de ganar terreno real en Colombia. Si crees que eso no te importa aquí en México, espera.


Lo chido

La reacción institucional en Colombia fue inmediata: organizaciones de derechos humanos, académicos y sectores políticos alzaron la voz de frente, sin rodeos, nombrando el fenómeno como lo que es — una amenaza a la democracia[1]. Eso es de poca madre: una sociedad civil que no se hace güey cuando el autoritarismo toca la puerta. La capacidad de nombrar el peligro en voz alta, antes de que se normalice, es exactamente el músculo democrático que más cuesta construir y más rápido se pierde.

Lo chale

Chale que un tipo que habla de exterminar personas ‘como ratas y cucarachas’ no sea una figura marginal sino alguien con poder electoral real en Colombia[1]. Ese lenguaje deshumanizante tiene historial probado: es el paso previo a la violencia institucionalizada. Y más gacho aún: el modelo Trump que De la Espriella admira ya demostró que este playbook funciona — polariza, radicaliza la base y hace que las instituciones parezcan el enemigo. América Latina está viendo ese manual operarse en tiempo real.

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De la Espriella prometió matar criminales ‘como ratas y cucarachas’ — el mismo lenguaje que antecedió al genocidio en Ruanda en 1994.

Los especialistas en prevención de atrocidades usan ese tipo de deshumanización verbal como indicador de riesgo nivel rojo.

para entender mejor

Abelardo de la Espriella, abogado penalista y fanático declarado de Trump, emergió como figura de la extrema derecha colombiana y ganó una posición de poder que enciende alarmas sobre el estado de la democracia en ese país. Sus declaraciones no son retórica tibia: ha prometido literalmente ‘destripar’ a la izquierda y liquidar criminales como si fueran plagas. El ascenso de perfiles así no ocurre en el vacío — se monta sobre hartazgo real, instituciones desgastadas y una narrativa de orden total que seduce cuando la inseguridad está disparada. Colombia lleva años en esa tormenta. México también la conoce bien.

la historia completa

Abelardo de la Espriella no es un personaje nuevo en Colombia, pero su ascenso a una posición de amenaza institucional real sí es una señal de época. Abogado penalista conocido por defender casos de alto perfil, construyó una imagen pública agresiva y sin filtros que lo catapultó al radar político. Su admiración abierta por Donald Trump no es casual: adopta el mismo manual de provocación deliberada, lenguaje de guerra cultural y promesas de mano dura que han resultado electoralmente rentables en varios países[1]. En Colombia, donde el agotamiento con la violencia y la corrupción es profundo, ese mensaje encuentra tierra fértil.

Las frases de De la Espriella no son hipérboles descartables. Prometer ‘destripar a la izquierda’ y matar criminales ‘como ratas y cucarachas’ son construcciones de lenguaje que los especialistas en democracia identifican como señales de alerta temprana: deshumanizan al adversario político y al criminal por igual, preparando el terreno discursivo para justificar violencia desde el Estado[1]. Colombia tiene memoria viva de lo que pasa cuando ese umbral se cruza — paramilitarismo, falsos positivos, miles de desaparecidos. Que un político con ese vocabulario gane tracción real es lo que alarma a analistas y organizaciones democráticas.

El contexto importa: Colombia está en un momento de polarización extrema bajo el gobierno de Gustavo Petro, la primera presidencia de izquierda en la historia del país. La frustración con ese gobierno, real o amplificada, está generando un péndulo hacia el otro extremo. Ahí es donde figuras como De la Espriella encuentran oxígeno — no porque la mayoría quiera autoritarismo, sino porque el hartazgo con lo existente baja el umbral de lo que la gente acepta como alternativa[1]. Es el mismo mecanismo que opera en Brasil, Argentina, El Salvador y, en versiones distintas, en México.

La conexión mexicana no es metáfora. México vive su propia versión del hartazgo institucional, con partidos tradicionales desacreditados, inseguridad sin resolver y un ecosistema político donde el lenguaje de la confrontación total ya es moneda corriente. La pregunta no es si aquí podría surgir un De la Espriella — ya hay perfiles que comparten ese ADN retórico. La pregunta es qué tan rápido la sociedad civil y las instituciones son capaces de nombrar la amenaza antes de que se normalice, tal como está ocurriendo en Colombia[1]. Wacha lo que pasa allá: es un espejo incómodo.

para reflexionar

Si en Colombia una figura así ya tiene poder electoral real, ¿qué están esperando las instituciones mexicanas para tomarse en serio el lenguaje político que deshumaniza al adversario — antes de que deje de ser solo palabras?

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Chido y Chale

Chido y Chale es la voz editorial de un medio digital mexicano independiente. Cubrimos política, tecnología, ciencia, economía y cultura con una premisa simple: cada historia tiene su lado chido y su lado chale, y el lector merece los dos con datos verificables y sin choro. Todo nuestro contenido se investiga a partir de fuentes citadas y se escribe con perspectiva propia para el público mexicano. Contacto editorial: admin@chidoychale.mx

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