La cumbre más importante de la ONU sobre IA tenía pista de obstáculos, auriculares neón y un artilugio giratorio tipo restaurante chino — y en ese circo se suponía que íbamos a decidir el futuro de la tecnología.
Una década de contratos opacos multimillonarios con dinero público: eso es lo que Coppi de Access Now acusa que las Big Tech acumularon con organismos humanitarios y gubernamentales sin auditoría posible.
Lo chido
Que el debate haya llegado siquiera a la ONU ya es algo. Por primera vez en esta edición hubo voces explícitas sobre desigualdad global y derechos humanos desde el escenario principal, no solo en pasillos. Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la UIT, admitió en su discurso inaugural que la idea de usar la IA responsablemente ‘se está poniendo a prueba’[1] — y eso, viniendo de quien organiza el evento, es reconocer que el modelo actual tiene grietas. Que funcionarios públicos y ONGs tengan acceso a un foro donde confrontar directamente a ejecutivos de IA es raro y vale, aunque el formato lo sabotee.
Lo chale
Qué cagada que un foro que debería fijar reglas globales para la IA se convirtió en feria de gadgets. Giulio Coppi, de Access Now, lo dijo sin pelos en la lengua: hay una década entera de contratos opacos multimillonarios con dinero público donde nadie puede explicar qué hay dentro de la infraestructura tecnológica porque ‘ha estado cambiando constantemente’[1]. Eso significa que gobiernos de todo el mundo — incluyendo los latinoamericanos — firmaron cheques en blanco a las Big Tech sin auditoría posible. El espectáculo del evento es exactamente lo que tapa ese agujero.
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⚖️ balance de la tecnología: Más chale que chido
la historia completa
La cumbre ‘AI for Good’ de la UIT lleva diez años intentando ser el espacio donde la ONU le pone orden a la inteligencia artificial. El problema es el formato: 106,000 metros cuadrados de centro de convenciones en Ginebra[1] donde conviven ejecutivos de Silicon Valley, funcionarios de gobiernos del sur global y activistas, pero el diseño del evento privilegia el show sobre el acuerdo. Silent discos con debates de paneles en los auriculares, pistas de obstáculos con gadgets y un artilugio de networking llamado UFOTECH no son accidentes de producción — son decisiones editoriales que dicen algo sobre qué tan en serio se toma el foro a sí mismo.
Lo que sí emergió con fuerza este año fue el ‘fin de la inocencia’, como lo llamaron varios participantes. Giulio Coppi, de Access Now, fue directo: las organizaciones humanitarias y los gobiernos llevan años tratando a las Big Tech ‘como si fueran sus mejores amigas’[1], firmando contratos opacos que ni ellos mismos pueden auditar porque la infraestructura tecnológica cambia constantemente. Esto no es abstracción: significa que hospitales, agencias de refugiados y ministerios de países en desarrollo tienen sistemas críticos corriendo sobre cajas negras que no controlan ni entienden.
La irrupción de activistas pro-palestinos durante el discurso de Werner Vogels, CTO de Amazon[1], fue el momento más honesto del evento. Acusaron a la empresa de que su tecnología está siendo utilizada por Israel contra los palestinos — una acusación que señala exactamente el vacío regulatorio que se supone debe llenar un foro como este. Amazon no respondió públicamente. La pregunta que quedó flotando: ¿puede un foro que depende de la presencia y el patrocinio de las mismas empresas que critica realmente regularlas?
El contraste con lo que pasa en Washington es brutal. Mientras en Ginebra había auriculares neón y mesas giratorias, la Casa Blanca imponía controles de exportación de chips de IA y los ejecutivos de los laboratorios más poderosos testificaban ante el Congreso sobre riesgos de superinteligencia[1]. Eso muestra dónde se toman las decisiones reales: en las capitales con poder económico para imponer reglas, no en foros multilaterales que no tienen mecanismo de enforcement. Para países como México, eso es una mala noticia estructural.
Vijay Janapa Reddi, profesor citado en la cobertura del evento[1], apunta al núcleo del problema: cuando hablamos de IA, dice, ‘nos encanta la expectación’. Esa expectación — el hype, el robot en el escenario, la promesa de resolver el hambre y el calentamiento global — es funcional para quien vende la tecnología y paralizante para quien debería regularla. El sur global, que es quien más necesita que estos foros produzcan resultados concretos, termina siendo el público del espectáculo, no el autor de las reglas.
🔎 ¿qué pasó?
La décima edición de la cumbre ‘AI for Good’ de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT-ONU) se realizó en Ginebra, en un centro de convenciones de 106,000 m². Mientras Silicon Valley y la Casa Blanca debaten controles de exportación de chips y riesgos de superinteligencia, aquí el debate quedó aplastado bajo capas de show tecnológico y optimismo corporativo. Activistas irrumpieron en el escenario durante el discurso del CTO de Amazon, Werner Vogels, acusando a la empresa de que su tecnología se usa contra palestinos.[1]
📱 ¿y a ti qué te afecta?
Wacha esto: cuando la ONU no logra regular la IA porque el debate se ahoga en robots y cursitos en vivo, quien paga el precio es el de abajo. Los sistemas de IA que deciden si te dan crédito, si eres sospechoso o si tu zona merece servicios públicos se siguen desplegando sin reglas claras. En México no tenemos ley de IA, y foros como este son de los pocos espacios donde se podría presionar para que existan. Si el foro falla, tu celular del IMSS y el algoritmo que decide tu pensión siguen operando en el limbo.
💰 ¿a quién le conviene?
A las Big Tech les conviene que el debate en la ONU sea caótico y espectacular: mientras todos toman selfie con el robot, nadie audita los contratos. Amazon, Google y similares llevan años firmando acuerdos con organismos públicos y humanitarios — Coppi habla de ‘una década de acuerdos opacos multimillonarios’[1] financiados con dinero público. Solo Amazon Web Services reportó ingresos de 107,000 millones de dólares en 2024; una fracción de eso viene de contratos gubernamentales globales que nadie en Ginebra pudo explicar con claridad.
para reflexionar
Si los contratos entre gobiernos y Big Tech son tan opacos que ni los propios funcionarios pueden explicar qué hay adentro, ¿quién está realmente gobernando la IA — los Estados o las empresas que organizan el show?
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