¿Quieres entrar al club de Peter Thiel? Primero te escanean, te ponen calificación y deciden si vales la pena — igual que en la prepa, pero con millonarios.
Lo chido
La filtración destapó exactamente cómo funciona el juego: a todos los candidatos y miembros se les asigna una calificación de A, B o C[1]. La C es para los más famosos e influyentes — solo 1 de cada 7 la recibe. Saber que existe ese filtro oculto es, paradójicamente, lo más transparente que ha hecho este club en 19 años. Al chile, más vale que alguien documente cómo se arman estas redes de poder que dejan fuera al resto del mundo.
Lo chale
Los registros incluyen domicilios particulares, teléfonos privados, correos, fechas de nacimiento, alergias y hasta filiación política de casi 200 personas que nunca consintieron que esos datos circularan[1]. La mayoría, 141 de 192, recibió una B — o sea, son útiles pero no imprescindibles[1]. Qué gacho que las élites globales construyan sus propias reglas de acceso con algoritmos, mientras predican meritocracia y mercados abiertos para el resto.
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Solo 1 de cada 7 integrantes recibe calificación ‘C’ — el nivel de los más poderosos[1]
141 de 192 perfiles revisados por WIRED quedaron en nivel B: valiosos, pero reemplazables.
para entender mejor
Dialog es una red privada cofundada en 2006 por Peter Thiel y el corredor de datos Auren Hoffman[1]. Reúne a políticos, inversores, militares, ejecutivos y periodistas en retiros solo por invitación donde todo es extraoficial. Tiene más de 1,000 miembros de pago y más de 2,500 personas han pasado por sus retiros anuales[1]. WIRED obtuvo registros internos con datos personales de casi 200 asistentes al retiro de este verano, que se celebrará en las afueras de Dublín con debates sobre IA, geopolítica y guerra moderna[1].
la historia completa
Dialog nació en 2006 de la cabeza de Peter Thiel —cofundador de PayPal, primer inversor externo de Facebook— y Auren Hoffman, un especialista en datos[1]. La premisa es sencilla y brutal: acceso solo por invitación, sesiones extraoficiales y una base de datos que califica a cada persona antes de que siquiera pise el salón. No es un think tank ni un foro de Davos; es una red de contactos con membresía de pago que organiza cenas en casas privadas alrededor del mundo y retiros de tres a cuatro días.
El sistema de calificación es lo más revelador. De los 192 expedientes que WIRED revisó, 130 están marcados como miembros activos y el resto son candidatos con etiquetas como ‘Primer usuario de Dialog’ o ‘Interesado’[1]. A todos se les asigna A, B o C. La C — el nivel más exclusivo — la tiene solo 1 de cada 7. La B la tienen 141 personas. La A parece reservada para miembros más antiguos. Un algoritmo también decide con quién te sientas en la cena y con quién ya no tienes cabida.
Este agosto el retiro será en Dublín, con agenda enfocada en IA, geopolítica y guerra moderna: desde el futuro de la OTAN hasta la guerra en Irán, conducido por legisladores, diplomáticos y funcionarios de seguridad nacional en activo y retirados[1]. No es hobby de ricos; es donde se tejen narrativas que después aparecen en políticas públicas, inversiones y medios. La lista filtrada también incluye al gobernador de Maryland, Wes Moore, aunque Dialog aclaró que figura como invitado externo, no como miembro.
En México, los círculos de poder funcionan con la misma lógica, solo que sin app ni superíndice: te invitan al desayuno si tienes el contacto, al retiro si tienes el dinero y a la mesa chica si tienes lo que ellos necesitan. La diferencia es que allá al menos quedó documentado en una base de datos filtrada. Acá ni eso — las reglas de acceso son igual de opacas pero nadie las hackea ni las publica. La neta, el problema no es que Dialog califique a su gente; el problema es que ese modelo existe en todos lados y casi nunca sale a la luz.
para reflexionar
Si en México existiera una base de datos así de los verdaderos tomadores de decisiones, ¿quién tendría la C — y quién se animaría a filtrarla?
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